Las principales empresas de seguridad privada coinciden en que en el último año aumentó la demanda de toda clase de alarmas para resguardar viviendas privadas. Foto: Archivo

Entraderas, irrupciones en el hogar, secuestros exprés: la inseguridad adopta diferentes formas y obliga a constantes cambios de hábitos. Hoy, cada vez más personas buscan resguardarse mediante sistemas de vigilancia electrónica, tanto en sus casas como en la vía pública.

Las principales empresas de seguridad privada coinciden en señalar que en el último año aumentó 20% la demanda de toda clase de alarmas para resguardar viviendas particulares. Un millón de hogares cuentan con esos sistemas de protección, según la estimación de la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica.

El desarrollo de las nuevas tecnologías también permitió avances notables desde el primario sistema de alerta sonora cuando se abre una puerta o una ventana. La tendencia, en un mercado que mueve unos 700 millones de dólares por año, es anticiparse a potenciales peligros con aplicaciones (apps) monitoreadas en teléfonos celulares. Incluyen desde botones antipánico y localización de movimiento de un equipo móvil (como celulares o tablet) hasta visualización remota de lo que sucede en el hogar.

Se estima que lo instalado en el millón de hogares monitoreados por vigilancia remota incluye no sólo alarmas que suenan y ponen en alerta al vecindario, sino sistemas generales de respuesta con aviso a la policía y seguimiento de la situación por parte de empresas de seguridad privada.

En 2009, la seguridad electrónica representaba el 20% del mercado de vigilancia privada, mientras que ahora supera el 36%, crecimiento que encuentra sus razones en una mayor demanda domiciliaria.

“La telefonía móvil ha tomado un rol fundamental en la vida, por lo que la adaptación del botón antipánico en un celular permite una protección mediante un sistema sencillo y al alcance de la mano en todo momento”, explicó Javier Kahn, gerente de marketing de la compañía de seguridad ADT. Indicó, además, que en esa empresa se observa una tendencia hacia un mayor uso de la seguridad electrónica en casas particulares.

Una situación similar es advertida por otra de las principales compañías de seguridad privada. “La tecnología se hizo más accesible y cercana. Y eso aporta al usuario también un mayor conocimiento sobre la necesidad de una prevención completa. Hoy no sólo se buscan los sistemas de alarmas que avisan de una irrupción directamente en la vivienda, sino también complementos para resguardar perímetros externos, situación que da mayor tiempo de reacción y toma en cuenta las dinámicas de vida de las familias para evitar falsas alertas”, indicó Carla Egitto, gerente de marketing de Prosegur.

Con delitos en mutación permanente, también se modifican las respuestas en búsqueda de protección privada. Una situación que cobró fuerza en los últimos años fue la colocación de sistemas de monitoreo en departamentos, en forma adicional a los resguardos provistos por el consorcio. Antes se pensaba que vivir en un edificio daba una sensación colectiva de seguridad superior a la de la soledad de una casa, pero esa experiencia parece haber quedado en el pasado y los propietarios refuerzan individualmente sus unidades con sistemas de alarmas.

Esa búsqueda de mayor protección se consolidó como tendencia en los edificios a partir de los delitos cometidos en la ciudad de Buenos Aires en los últimos dos años, con bandas dedicadas a encontrar la forma de ingresar en alguna de esas propiedades para luego desvalijar varias unidades del lugar.

Los botones antipánico también ganaron espacio en la seguridad privada con el impulso dado por su adopción por parte de gobernaciones y municipios, que entregaron aparatos a grupos de riesgo, como ser las mujeres amenazadas por violencia de género. En el ámbito privado su uso es solicitado tanto como elemento de aviso de un robo como de alerta por un problema de salud, especialmente en familias con personas mayores. La mayoría de los casos resueltos por el uso de botones antipánico privados tuvo relación con emergencias médicas.

Sin embargo, oleadas de otros delitos violentos, como secuestros y entraderas, también llevaron al diseño de nuevas respuestas apoyadas en la tecnología móvil. ADT, por ejemplo, presentó una aplicación para telefonía celular que permite el seguimiento del aparato por parte de otro miembro de la familia y la colocación de una ruta de tránsito que emite un aviso ante una desviación, una anormalidad que llevaría a verificar qué ocurre. Por su parte, Prosegur adoptó un sistema de aviso programable en los celulares, una cuenta regresiva de algunos minutos que el usuario activa en el momento en que considere transitar por lugares peligrosos o bien antes de ingresar en el hogar; si la persona no desactiva la señal antes del tiempo prefijado se dispara el sistema de respuesta.

Esas alternativas representan un paso adicional al del botón antipánico, con la instalación de datos en forma previa a la potencial amenaza que habiliten a una respuesta sin la necesidad de una nueva acción de la persona protegida.

Los vecinos buscan así, en la tecnología, nuevas soluciones privadas para resguardarse de delitos en constante crecimiento.

Números de la tendencia

20% Crecimiento del mercado. En el último año hubo un fuerte incremento de pedidos de sistemas de seguridad electrónica para la protección de viviendas particulares.
1.000.000 Viviendas monitoreadas. En las compañías de seguridad estiman que es ésa, aproximadamente, la cantidad de hogares protegidos mediante sistemas de alarmas conectadas a centros de vigilancia privada.
700 Millones de dólares. El segmento de la seguridad electrónica aumenta en la importancia de su participación en el mercado de la seguridad privada.

Fuente: La Nación.